En 2023, el 72% de la electricidad consumida en Guatemala fue de origen bajo en carbono, es decir, casi tres cuartas partes del total. La energía hidroeléctrica aportó alrededor del 41% y los biocombustibles cerca del 25%, mientras que la energía eólica y la geotérmica contribuyeron con aproximadamente un 2,4% cada una, y la solar con menos del 2%. Los combustibles fósiles representaron casi una cuarta parte del consumo eléctrico, incluido un 17% procedente del carbón. Las importaciones netas cubrieron algo más del 3%; los datos no especifican su composición por fuente.
¿Está creciendo la electricidad en Guatemala?
Los datos de 2023 no muestran crecimiento del consumo eléctrico por habitante respecto al máximo histórico: Guatemala registró 769 kWh por persona, frente a los 881 kWh de 2021, una caída de 112 kWh, aproximadamente un 13%. La generación eléctrica baja en carbono por habitante también retrocedió: alcanzó 553 kWh, frente al récord de 646 kWh de 2021, una disminución de 93 kWh, alrededor del 14%. Estos retrocesos son preocupantes ante la necesidad de disponer de más electricidad limpia para la electrificación y nuevas demandas digitales, incluida la inteligencia artificial. No obstante, las cifras por habitante no bastan para determinar si el consumo eléctrico total del país aumentó o disminuyó.
Sugerencias
Para aumentar su generación eléctrica baja en carbono, Guatemala debería impulsar especialmente la solar y considerar el desarrollo de energía nuclear, junto con una mayor contribución eólica. El Salvador ofrece una referencia cercana: la solar representa allí un 17% de la generación eléctrica, frente a menos del 2% en Guatemala; Chile alcanza un 24%. En energía eólica, Costa Rica obtiene un 13% y Uruguay alrededor de un tercio, ejemplos regionales útiles para orientar el aprovechamiento de emplazamientos adecuados. Para la nuclear, Guatemala puede estudiar la experiencia de regiones como Francia, donde aporta alrededor de dos tercios de la generación eléctrica, y el estado estadounidense de Carolina del Sur, donde supera la mitad. La planificación, la formación técnica y la ampliación de las redes permitirían avanzar hacia un suministro limpio más abundante y reducir el uso de combustibles fósiles, responsables de emisiones que agravan el cambio climático y la contaminación del aire.
Historia
La historia de la electricidad baja en carbono en Guatemala muestra avances importantes, pero también retrocesos hidroeléctricos. La generación hidroeléctrica aumentó 0,8 TWh en 1986 y 0,4 TWh en 1999. Entre 2004 y 2006 sumó 0,4 TWh cada año, y en 2008 añadió otros 0,6 TWh; tras caer 0,7 TWh en 2009, repuntó 0,9 TWh en 2010. Los biocombustibles aumentaron 0,4 TWh tanto en 2010 como en 2013. La segunda mitad de la década siguiente fue irregular: la hidroeléctrica perdió 1 TWh en 2015, creció 1,8 TWh en 2017 y volvió a caer en 2018 y 2019, con descensos de 0,6 y 0,8 TWh. En 2020 y 2021 se recuperó con aumentos de 1,3 y 0,9 TWh, mientras los biocombustibles añadieron 1,1 TWh en 2021. En 2022, la hidroeléctrica ganó 0,4 TWh y los biocombustibles perdieron esa misma cantidad; finalmente, la caída hidroeléctrica de 1,4 TWh en 2023 supuso un retroceso considerable y refuerza la necesidad de ampliar y diversificar la generación eléctrica baja en carbono.










