En el actual panorama de consumo eléctrico en Alaska, más de la mitad de la electricidad es suministrada por combustibles fósiles, conformando un 64% aproximadamente. El gas representa alrededor del 37%, el petróleo cubre poco más del 15% y el carbón constituye casi el 12%. En cuanto a la electricidad baja en carbono, que es esencial para un futuro más limpio, esta representa casi un tercio de la producción total, con la energía hidroeléctrica liderando con cerca del 28%. La energía eólica contribuye mínimamente con casi un 2%. Este panorama subraya la necesidad urgente de incrementar el uso de fuentes bajas en carbono para reducir la dependencia de fuentes fósiles y enfrentar los desafíos del cambio climático y la contaminación del aire.
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¿Está creciendo la electricidad en Alaska?
Sobre el crecimiento del consumo de electricidad en Alaska, existe una ligera disminución en el consumo por persona. En 2025, el consumo per cápita es de aproximadamente 9077 kWh, lo que representa una disminución de 69 kWh respecto al récord alcanzado en 2023. No obstante, hay un aspecto alentador: la generación de electricidad procedente de fuentes bajas en carbono ha incrementado, alcanzando 2774 kWh por persona, superando su récord anterior en 2023 por 137 kWh. Esta evolución positiva en la generación baja en carbono es fundamental para mitigar los efectos adversos de las energías fósiles y encaminar a Alaska hacia un futuro energético más sostenible y respetuoso con el medio ambiente.
Sugerencias
Para que Alaska pueda aumentar la generación de electricidad baja en carbono, se debe considerar seriamente el potencial de la energía nuclear y solar, aprendiendo de regiones exitosas. Francia, por ejemplo, logra generar un significativo 67% de su electricidad a través de la energía nuclear. Asimismo, estados como Iowa y Dakota del Sur han alcanzado casi un 60% en generación eólica. Tomar inspiración de estos ejemplos proporciona una hoja de ruta clara: expandir el uso de la energía eólica y solar, y considerar seriamente la construcción de infraestructura nuclear. Tanto la energía solar como la nuclear ofrecen un potencial considerable para transformar el panorama energético de Alaska y contribuir sustancialmente a un futuro energético más limpio y sostenible.
Historia
Históricamente, el escenario de generación baja en carbono en Alaska ha mostrado cierta estabilidad con pequeñas variaciones. En 2024, la energía hidroeléctrica registró una disminución marginal de 0.1 TWh, que posteriormente se recuperó en 2025 con un incremento del mismo valor. La energía eólica y los biocombustibles permanecieron estables sin cambios en esos años. A lo largo de estos años, aunque los cambios han sido pequeños, es crítico reconocer la importancia de impulsar inversiones estratégicas que permitan aumentar significativamente la proporción de generación eléctrica baja en carbono, asegurando así un progreso constante y alineado con un desarrollo enérgico sostenible.





