En 2022, Uganda tenía un consumo de electricidad muy bajo, aunque predominantemente bajo en carbono: estas fuentes generaron 5,6 TWh, de los cuales casi 5 TWh correspondieron a energía hidroeléctrica, aproximadamente el 89 % de la generación limpia. Las cifras por habitante —118 kWh de electricidad baja en carbono frente a un consumo total de 122 kWh— apuntan a una participación limpia cercana al 97 %. El resto es pequeño, pero los datos no permiten atribuirlo íntegramente a combustibles fósiles. El consumo por persona equivalía apenas al 3 % del promedio mundial de 3794 kWh: unas 31 veces menos. Una disponibilidad eléctrica tan limitada puede frenar la actividad industrial, dificultar los servicios sanitarios y educativos y restringir la electrificación y el desarrollo digital.
¿Está creciendo la electricidad en Uganda?
La electricidad sí está creciendo en Uganda: en 2022, el consumo alcanzó un nuevo récord de 122 kWh por persona, frente a los 115 kWh del récord anterior, registrado en 2021. El aumento fue de 7 kWh por habitante, aproximadamente un 6 %. La generación eléctrica baja en carbono también marcó un máximo, con 118 kWh por persona, superando en 6 kWh —algo más del 5 %— los 112 kWh de 2021. Es una evolución alentadora, pero todavía hace falta acelerar considerablemente el crecimiento para ampliar el acceso y atender la futura demanda de hogares, empresas, transporte electrificado y servicios digitales.
Sugerencias
Para aumentar la generación eléctrica limpia, Uganda debería complementar su base hidroeléctrica con una expansión de la solar, tanto en grandes instalaciones como en sistemas de autoconsumo y minirredes, acompañada de redes y almacenamiento. Sudáfrica ofrece una referencia africana relevante: los datos muestran unos 20 TWh de electricidad solar, 12 TWh de eólica y 12 TWh de nuclear. Uganda también puede aprender del despliegue solar de India, con unos 205 TWh, y de Pakistán, con 41 TWh, adaptando esas experiencias a su propia escala. Asimismo, debería considerar el desarrollo de electricidad nuclear mediante planificación a largo plazo, formación técnica y cooperación internacional: Pakistán, con 22 TWh nucleares, y Sudáfrica muestran cómo esta fuente puede contribuir a una oferta limpia y constante. La eólica también merece evaluación en las zonas con recursos adecuados. Expandir estas fuentes permitiría aumentar el suministro sin reforzar la dependencia de combustibles fósiles, asociados al cambio climático y la contaminación del aire.
Historia
La historia registrada de la electricidad baja en carbono en Uganda está dominada por la hidroelectricidad. En 1992 aumentó 0,2 TWh, y entre 2000 y 2004 hubo incrementos que sumaron 0,5 TWh. La segunda mitad de esa década fue irregular: tras una caída de 0,7 TWh en 2006, llegaron recuperaciones de 0,2 TWh tanto en 2007 como en 2008, seguidas de otro descenso de 0,2 TWh en 2009. El avance se fortaleció en la década de 2010, especialmente en 2012 y 2013, cuando la generación hidroeléctrica creció 0,9 y 0,4 TWh, respectivamente; entre 2015 y 2019, los incrementos registrados sumaron otros 1,1 TWh. Los biocombustibles, también contabilizados como bajos en carbono, presentaron variaciones pequeñas: subieron 0,1 TWh en 2015, bajaron lo mismo en 2017 y recuperaron 0,1 TWh en 2021. Finalmente, la hidroelectricidad añadió 0,6 TWh en 2021 y 0,3 TWh en 2022, consolidando una trayectoria reciente de crecimiento limpio.
















