En el 2022, el consumo de electricidad en Kiribati fue de aproximadamente 307 kWh por persona. Esta cifra es notablemente inferior al promedio mundial de 3771 kWh por persona, situando a Kiribati en una posición de baja generación per cápita. La composición de la generación eléctrica muestra que una proporción significativa continúa dependiendo de combustibles fósiles, mientras que la generación baja en carbono, que incluye principalmente solar, representa una parte menor aunque importante del total. El nivel limitado de generación eléctrica podría restringir las oportunidades de desarrollo económico y el bienestar de la población, resaltando la necesidad de incrementar la capacidad de generación limpia.
¿Está creciendo la electricidad en Kiribati?
Desde el 2019, el consumo de electricidad en Kiribati ha mostrado una ligera tendencia a la baja, disminuyendo de 323 kWh a 307 kWh por persona en 2022. Paralelamente, la generación de electricidad baja en carbono también experimentó un descenso de 81 kWh a 77 kWh por persona. Esta disminución de 16 kWh en el total y 4 kWh en la generación baja en carbono refleja una falta de crecimiento en el sector eléctrico, lo cual es preocupante dado el contexto global de transición hacia energías más limpias.
Sugerencias
Para incrementar la generación de electricidad baja en carbono, Kiribati podría centrarse en expandir su capacidad solar existente. Observando prácticas exitosas en otras regiones, China y Estados Unidos destacan con sus significativas producciones solares de 1213 TWh y 396 TWh, respectivamente. Rellenar el vacío con tecnología nuclear también podría ser oportuno, como lo evidencian países como Francia y Corea del Sur. Estas estrategias podrían no solo reducir la dependencia de combustibles fósiles, sino también fomentar un desarrollo sostenible a largo plazo en Kiribati.
Historia
Históricamente, la contribución de la energía solar a la generación eléctrica en Kiribati no ha mostrado variaciones en los últimos años, ya que desde el 2019 hasta el 2022 no se registran cambios de generación. Esto implica una estabilidad que, aunque positiva en cuanto a continuidad, podría reflejar una oportunidad perdida de aumentar la participación de energías bajas en carbono. La falta de crecimiento en este ámbito es una señal clara de la necesidad de políticas más agresivas para fomentar tecnologías limpias, necesarias para mitigar los impactos del cambio climático y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.
















