Bután ya obtiene alrededor del 93% de su electricidad de fuentes bajas en carbono, un logro destacado: en 2023, toda esa aportación procedía de la energía hidroeléctrica. El 7% restante correspondía a importaciones netas, cuyo origen no se especifica, por lo que no debe clasificarse automáticamente como electricidad de combustibles fósiles. El siguiente desafío es electrificar el transporte, la calefacción y la industria, lo que exigirá mucha más electricidad limpia para sustituir los combustibles fósiles y reducir las emisiones y la contaminación del aire.
¿Está creciendo la electricidad en Bután?
El consumo de electricidad por habitante está creciendo, aunque lentamente: en 2023 alcanzó unos 15.250 kWh por persona, superando el récord de 2021 en 224 kWh, aproximadamente un 1,5%. Sin embargo, la generación eléctrica baja en carbono por habitante todavía no recuperó su máximo histórico: fue de unos 14.200 kWh por persona, frente a casi 14.800 en 2020. Esa diferencia de 574 kWh, cercana al 4%, resulta preocupante: el nuevo récord de consumo debería acompañarse de una expansión más firme de la generación limpia para atender la electrificación y la futura demanda digital, incluida la inteligencia artificial.
Sugerencias
Para aumentar su generación eléctrica baja en carbono, Bután puede seguir desarrollando su capacidad hidroeléctrica y complementarla con una expansión decidida de la solar, tanto en instalaciones de gran escala como en tejados. Una combinación de estas fuentes, junto con almacenamiento y mejoras de la red, permitiría disponer de más electricidad limpia y aprovechar mejor la producción. También convendría estudiar la viabilidad de incorporar energía nuclear mediante planificación a largo plazo y cooperación internacional. Diversificar la generación limpia ayudaría a satisfacer una demanda creciente y a ampliar las oportunidades de electrificación.
Historia
La historia presentada muestra una expansión hidroeléctrica importante, aunque irregular. Tras un aumento de 0,2 TWh en 1996, los primeros años de la década de 2000 registraron incrementos modestos, con una caída en 2004; el gran salto llegó en 2006 y 2007, con aumentos de 1,8 y 2 TWh, respectivamente, seguido de otros 0,4 TWh en 2008. Durante la década de 2010 alternaron avances y retrocesos: destacaron las subidas de 0,8 TWh en 2013 y 0,6 TWh en 2015, pero las caídas de 2017 y 2018 frenaron el progreso. La recuperación fue contundente en 2019 y 2020, con incrementos de 1,8 y 2,7 TWh. Después de una reducción de 0,5 TWh en 2021, el aumento de 0,4 TWh en 2023 fue una señal positiva, aunque sigue siendo necesario sostener el crecimiento de la electricidad baja en carbono.
















